Muchos años

Mis días bajo la falda del cerro dragón se marchitaron como hojas de un otoño olvidado.

En esa decada, ya había una cuerda amarrada al palo poste y, con la flojera de nuestra imaginación, pudimos cumplir el anhelo de todo nortino; dar vueltas y vueltas, volando como gaviotas en el cielo.

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