Toma mi corazón (parte I)

Ahora, hay dos formas de poder… de permitirme continuar. Y, de alguna manera, quisiera que todo fuera más sencillo, ¿sabes? Que mi voz fuese escuchada aún a través de todo el silencio que la sofoca. Porque, aunque no lo creas, también merezco ser escuchado. Pero, qué pasó. Fui omitido. De pronto, el mundo sintió que estaba mejor sin mí y apagó la luz. Pese a que grité, caí, sangré. Me convertí en vela que iluminó la noche y se apagó.

Mientras revivo de mi silencio y sus palabras, nuevamente el fuego me escuece los labios y ya no se siente tan decadente. Peor es la manera en que me miras cuando camino al descubierto, con mis nervios y dolor al desnudo. Porque confié en ti, pero me diste vuelta la cara. Así que encontré un lugar mejor. Un espacio al que, aparentemente, pertenezco. Cuando perdí mi lugar en el mundo; donde creí que importaba. O eso pensaba. Supliqué con el alma.

Prendí la mente. Soy un poco más consciente. Conectado con el mundo.  Y dejo que mis sentidos me guíen al otro lado. Más allá del vacío. Porque, cuando estuve clavado en el hoyo, con los labios ardiendo y las pupilas extendidas, estuve aquí.

Ya no tengo miedo, ¿sabes? Cómo habría de tener miedo. Y siento que nada me ata, nada me sostiene. Escapando de esta realidad, vaciando galones de lágrimas para luego construir un bote y navegar eternamente sobre el desborde. Y todo yace distorsionado. Trato de encontrarle un sentido a todo esto. La realidad. La verdad. El mundo. Pero todo me parece más absurdo, brusco, tan distante de mí. Y la respiración se me agita, la mente se me prende y apaga, como luces tintineantes. Descompuesto. Siento que necesito arreglo. Que me saquen el corazón, descubriendo su locura mecánica. Otra vez desnudo ante sus ojos, confiando mi piel con un toque desconocido. Mis nervios sobre la mesa, con mis pensamientos entre sus dedos y mis emociones a mil.

Solamente… arráncame el corazón. Te desafío a que lo tomes con ambas manos. Pese a que, ante la menor de las caricias, todo pueda volar en pedazos.

¡Vamos, te reto! Arráncame el corazón, cuando estoy distante del dolor. Mi piel está entumecida de finas hierbas que envenenan mis sentidos. Porque, ya nada queda. Solo esta cascara y mi alma que vuela, esparcida, desvaneciéndose en lo incierto.

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