Desdeño

Este corazón me tiene encerrado entre cuatro paredes. De lado a lado. Y quiero escapar; salir corriendo, pero algo inefable me acerca al dolor. Lo siento… aquí, cobijado bajo el pecho. Punzante. Relampagueante tras los ojos y quiero que se vaya de mí esta agonía.

Punzante sobre mi corazón. Liberándose poco a poco. Ardor sobre la piel, fluyendo cálido entre mis dedos y latiendo fugaz el corazón. Puzante sobre mí, porque lo quiero, lo necesito. Y ya me siento fuera de mí, con una quemada que me escuece los labios y despierta los ojos. Así los abro, de par en par, suavemente. De pronto, siento mis sentidos enloquecidos, distorsionados y atormentados.

Quiero salir de aquí, te lo imploro. Salir corriendo es una salida, aunque me rompa el alma, me tuerza la sonrisa y me despotrinque el cuerpo. Que caiga por su propio peso.

Sentí la culpa flotar sobre mis hombros y es que los pajaritos que cantan fuera de mi cabeza; soplan al viento y crean un huracán bajo mis pestañas. Porque, grito y no me oyes. Te pido auxilio y me callas. Te olvido y me derramas, sobre tus manos; de mis mejillas.

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Nunca jamás

Abrimos la puerta giratoria, con las manos vacías y los ojos bien abiertos. Casi desnudos. Parado en ambos pies, casi de puntillas, y ya no puedo esperar.

Quiero cruzar el límite. Ver lo que hay del otro lado del espejo. La imagen se distorsiona frente a mí y salto al precipicio. El vacío nunca se sintió tan placentero.

¿Crees que tengo miedo? Salto porque soy inmortal. Invencible, quizá. Pero qué importa. ¿Acaso a alguien le importa o viste mi reflejo del otro lado?

Y me pierdo porque quiero ser encontrado, cubriéndome los ojos para ver mejor, pero todo está oscuro hasta que oigo tu nombre. Me acerco al sonido silencioso. Adentrándome a lo desconocido.

Y el corazón me palpita fuerte como un tambor, cuando todo es mejor si estás del otro lado. ¡Vamos, sigueme! Porque aquí siento que puedo volar. Me desplazo libremente al vacío y despliego las álas que no tengo, las que me cortaste. Pero, por favor, no te sientas culpable. Que te he dicho que soy inmortal. Tengo la piel dura como roca, pero el alma suave como terciopelo.

Me pierdo para que me encuentres o, tal vez, me olvidaste.

Capullo

Cuando somos niños/as, nos encierran en una burbuja. Nos prohiben conocer el mundo y nos aislan de la realidad.

Cómo conocer el mundo. Pero, esa es una pregunta lejana, porque ni sabes cuál es el mundo que hay que conocer. Así que, permanecemos en nuestra burbuja, viendo con los ojos cubiertos, desafiando los cambios del día a día. Simplemente existiendo.

Cuando vamos creciendo, dejando atrás la burbuja y despertando del letargo que parecía eterno, vemos que hay un mundo intenso, casi como una jungla a la que no pertenecemos. Y yo quería volver a la burbuja. Quería curbrime de su manto y permanecer dormido, en el sueño perpetuo. Aun así, me levanté esa mañana. Di el primer paso, pensé y luego existí; porque ya era adolescente.

Me di cuenta que el mundo era cruel. También me percaté que ninguna mano me sujetó cuando entre con los ojos cerrados a la oscuridad. Qué misterio.

Ahora que tengo los ojos abiertos, con más ganas quiero cerrarlos.

Dónde se ha ido el tiempo. Mis sueños; las ganas de ser veterinario fueron para un valiente, mientras que yo me quedo con estas ansias de quedarme cubierto de engaños y mentiras.

Qué ganas de despertar de un sueño, abrir los ojos y volar junto a Peter pan al país de “Nunca jamás”. Ya sabes, ser otro de los niños/as perdidos. Aunque siento que ya perdido estoy.

Mientras las manecillas del reloj sigan avanzando, voy ganando más altura. Algunos piensan que es sabiduria, pero, en verdad, es más desilusión. Porque, qué fue de ese país donde seríamos libres. Dime… Qué pasó, Peter. ¿Acaso también nos engañaste para seguir tus ideales? ¡Patrañas!

Ya dejando las ilusiones y burbujas, sigo caminando un sendero enigmático que me cubre y, a la vez, me rompe el corazón. Pero me voy dando cuenta que la piel se vuelve más dura, con un sentimiento de inmortalidad.

Me siento invencible.

Presencia

Escucho el susurro del viento esconderse entre mis pestañas. También puedo sentir cada latido como si me fuese guiando al otro lado. Aguas profundas; río, es lo que hay del otro lado y tengo miedo de cruzarlo. Que fluya sobre mí, dentro de mí y me ahogue con cada respiración.

Tanto temor en un cuerpo tan pequeño, con cada paso sobre el sendero y los luceros parecen apagarse, mientras el aire se escapa y las ramas me acarician. Pequeño, más pequeño. Infimo. La garganta se cierra y las palabras las muerdo con delicadeza. Pero mi cuerpo me ha traicionado. Lo necesito y me deja.

Un paso más, que el frío se aleja y me deja solo.

Trato de escapar de este bosque sin salida. Pequeño, más pequeño, sin aliento para continuar. Y, qué hay más allá. Hazmelo saber. Comprimido, en medio de la noche, la esperanza que me regocija y fuera del corazón.

Estoy lejos ya? Estoy fuera, ya?