El trasfondo en la figura

Lo único que conozco de él, o quizá lo que recuerdo, es que tuvo la sabiduria suficiente para fugarse de este mundo y maldecir el camino que seguía en la siguiente generación.

Intento ver la divinidad de las raíces, porque siento que estoy vagando, tal vez, naufrago en un mar de preguntas que me sofocan en la noche. Y sí, se fugó de este mundo y, el siguiente no se fugó, simplemente vivió en su ausencia, pero qué habría sido lo mejor. Ahora tengo miedo de la respuesta, de lo que significa su ausencia, del daño que ha hecho y de lo que aún me queda por vivir.

Yo soy la figura y su figura me ha moldeado, mientras que su ausencia me ha roto en pedazos. Pero la figura sigue en pie y siento que su sabiduria hizo lo correcto, porque en lo maldito estoy agradecido del camino que recorrí; en el trasfondo del tiempo que no pudo ser.

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Hombres y muerte (Parte II)

Nos enseñan, nos dicen que lo que se rompe ya no vuelve a ser lo mismo. ¿Estarán equivocados? Porque puedes reunir las piezas y volverlo a armar. Puedes juntar cada un de las piezas con mucho cuidado y esperar que luzca tan bien como nuevo. Pero está roto, sabes que es así.

Contemplas sus grietas con delicadeza, aferrándote a la esperanza que, una vez unidas las piezas, no se desarmará. Pero, apenas te das la media vuelta, todo cae por su propio peso.

Qé es lo que pasa cuando se ha ido. Cuando estuvo aquí, pero desaparecía. Se esfumo de la faz de la Tierra. Porque, en algún sentido, ha dejado sus piezas por todo el lugar. Sobre ti, sobre mí, sobre todos ustedes.

Se ha ido, pero sigue aquí. Con cada una de sus piezas rotas. Y ya no debo armarle ni mirar sus grietas con cautela, sólo aferrarme a la figura que fue, pero que siempre estará, en mí.

Vasija (Parte I)

¿La has visto desde cerca? Porque, apartando la vista, tomándose el tiempo para contemplar, puedes ver que algo está oculto. Que no puedes verlo ni con los ojos descubiertos, desnudos.

Desde lejos, en la distancia, puedes ver que todo es reluciente. Que el fondo es exactamente lo que parece, pero tu corazón lo susurra suavemente.

De pronto, enfocas la mirada y contemplas la grieta que yace al costado. Y, mientras más te acercas, más se puede percatar lo rota que está. Pero, desde cerca, ¿podrías notarlo realmente? Y, aunque pudieses notarlo, no te darías cuenta de la realidad, de lo que hay dentro de las sombras. Justo en su interior, pasando las grietas y lo roto, el fondo y la distancia, sabes que puedes envolverte en un universo completo. Lo que siempre habías esperado conocer. Y sólo es un compartimiento. Porque todo lo que está dentro es lo más preciado. Pero, una vez que la figura se rompe, quizá ya nada quede de ti, de mí, de ellos.