Actos de escapismo

Cuando era más joven, lo único que queria era salir de mi caparazón. Me sentía como una tortuga que recurría a su escondite para sentirse seguro. Y una vez que logré vencer el miedo, bajar la guardia y salir del caparazón, ahora lo único que quiero es volver ahí.

Quiero escapar, salir corriendo. Aunque no pueda esconderme, al menos intentarlo.

No, no es ningún consuelo seguir escapando, pero tengo que intentar algo o me voy a volver loco. Y hoy sentí como la tormenta trataba de corromper mis ojos y sostuve las lágrimas.

Me siento tan indefenso.

Juro que trato de ser fuerte cada día y nuevamente me siento culpable. Me veo en el espejo: “soy sólo un pobre chico”, pero trato y trato y, hasta me lo creo a ratos.

Lo único que alguna vez quise fue romper mi caparazón. Ahora quiero tomar cada pieza y ocultarme en el. Quiero que todo pase, que todo se vaya, que nada me hiera y seguir intacto, pero algo me ha alcanzado. Me siento tocado.

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Irremediable continuidad

Me da miedo seguir escribiendo en estas hojas, porque mientras más escribo, más me percato del estado de vacío en el que me encuentro.

Hoy tenía una idea distinta sobre lo que quería escribir. Lastima que ya no la recuerdo. Quizá habría sido un relato maravilloso que me hubiese llevado a la fama.

Ya olvidado todo el asunto, pienso, me doy vueltas en la cama pensando, no sólo sobre la inmortalidad del cangrejo, sino sobre la irremediable secuencia del humano, de continuar viviendo aún contra de su voluntad.

Si se supone que Dios creó el libre albedrio, por qué no pensó también en una instancia para pausar la vida. Y no, no me refiero al suicidio, que no termina solamente con la vida de uno, sino que pone en pause la vida del resto. En una pausa continúa.

Tal como dijo Mafalda: “Detengan el mundo que me quiero bajar”, yo creo que, más que justo y necesario, es un derecho que toda vida necesita cumplir. Porque, de existir una pausa, más allá de una vía de escape o de autodestrucción, quizá no habría guerra, disgustos, conflictos ni desgaste. Y lo más importante, no habría éste vacío que se extiende bajo mi pecho.

Detengan el mundo que me quiero bajar. Pero en realidad, sigo adelante.