Bajo su pulgar

Algunas veces pienso que puedo superarlo, que somos tan distantes y que sus palabras no pueden alcanzarme.

Mientras miro al vacío, nuevamente y sin mi consentimiento, la ola de imágenes irrumpen mi mente, y aunque trato de despavilar, el veneno de su lengua me daña con cada palabra, con cada pensamiento que me contrae.

Siempre he creído que puedo estar a su altura, pero su mirada me recuerda y me devuelve años atrás. Y a pesar que trato de actuar como un roble, sus palabras me derrumban, me destrozan y me siento como un niño otra vez.

No, él tiene razón. Nunca podré ser como él. Nunca podré ser humilde, esforzado, o mejor que él. Supongo que tendré que conformarme con ser yo mismo, pero aun así, de vez en cuando dudo si eso es lo mejor. Y según su punto de vista, no soy nada más que un desperdicio de energía. Sólo desperdicio.

Quiero crecer y ser más fuerte. Quiero que un escudo gigante, quizá una fortaleza, nos separe y me proteja de sus palabras.

Ahora que está frente a mí, me siento desnudo; vulnerable, como si pudiese venir y derrocarme.

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Si estás esperando una señal…

Estos días han sido demasiado ajetreados, llenos de emociones y giros inesperados.

Me he sentido como si estuviera sumergido en un sueño, y aun así, tan lejano a la realidad, es que puedo percibir cómo va calando hondo dentro de mí.

Al igual como me dijo una querida amiga hace un par de días, que le tengo miedo al cambio. Me imagino que igual como el común de los mortales. Sentado en la comodidad de la rutina, cuando la luz se prepara para recibir un nuevo día y, en menos tiempo que toma un abrir y cerrar de ojos, parpadeamos por un solo segundo y ya estamos de vuelta en casa, esperando para comenzar otro día.

Hoy leí: “Si estás esperando una señal, ésta es“. Una vez leída la señal, miré a mi novio quien se estaba devorando su almuerzo y pude percatarme que el tiempo se detuvo por un instante. Mis latidos dieron un gran salto y sentí las ganas irremediables de salir corriendo.

Debo de estar loco, es lo que me sigo diciendo mientras termino de beber mi cerveza, y aunque estoy malhumorado, prefiero culpar al domingo que a mi sanidad mental.